martes, 12 de mayo de 2009



...ESTA EN NOSOTROS

Finalmente, y como era de esperar en este patético juego mezcla de circo y negociado, se lanzaron y formalizaron las candidaturas para las elecciones apresuradas del próximo 28 de junio. Comienza ahora, y se prolongará hasta las orillas de esa fecha, la segunda parte de esta fiesta carnestolenda en la que la decrépita y devaluada dirigencia política argentina, o una gran parte de ella, ha convertido el sistema democrático argentino.
De hecho la victima es la democracia que -lejos de fortalecerse con cada episodio electoral como normalmente tendría que suceder- paradójicamente recibe un duro y artero golpe de quienes por ética y responsabilidad deberían preservarla y vigorizarla con actitudes altruistas, compromiso republicano y respeto y acatamiento constitucional.
Nada de eso ha ocurrido y nada hace prever que ocurrirá en los días porvenir. Absolutamente sucedió todo lo contrario. Con el guiño cómplice de la justicia electoral se fraguaron domicilios para cumplir con los requisitos de residencia; se permitieron aberraciones como las denominadas “candidaturas testimoniales” que son una verdadera afrenta a la ciudadanía y una truchada que ofende la inteligencia de mucha gente; se permitieron flagrantes presiones (chantajes y extorsiones) políticas, judiciales y económicas a gobiernos provinciales y municipios que, aunque sea mínimamente se atrevieron a objetar las metodologías kirchneristas. La lista de arbitrariedades es mas extensa aun pero antes de gastar energías en completarla deberíamos focalizar nuestro esfuerzo en buscar la forma de revertir esta situación que cada vez se torna mas grave e insalubremente peligrosa.
Tan espinosa es la situación que no pocos tenemos al sensación de que estamos en un punto sin retorno. A no pocos nos ha ganado el escepticismo y la desesperanza. Basta con observar como paulatinamente fue decreciendo el número de electores que concurre a los comicios que, seguramente sería menor, si no fuera, casi compulsivamente, transportado en todo tipo de vehículos que -en un juego desleal con otras fuerzas políticas- el gobierno paga con plata del erario público para beneficiar a sus candidatos.
A esta altura de la desazón cívica nadie quiere arriesgar una solución. Es mas, muchos creen que no la hay ni habrá solución mientras permanezca inconmovible la estructura cuasi mafiosa que supo construir para su provecho la corrupta e inmoral dirigencia argentina que hábilmente se recicla usando mecanismos de prebendas, clientelismo, negociados y demás perversiones.
Personalmente creo que hay una salida. Que podremos ver una luz al final del túnel si tomamos real conciencia de aquella sentencia que reza “solo el pueblo salvará al pueblo”. Y actuamos en consecuencia. Es decir basados en la concepción genuina y auténtica que dio origen a ese axioma y no al uso bastardo que hacen de él políticos y gremialistas demagogos y mentirosos. Concretamente me refiero a la actitud madura de una ciudadanía que hay dejado de esperar un “mesías” que mágicamente le traiga la panacea.
A un pueblo que haya agotado su paciencia y con decisión haya tomado las banderas de la dignidad, el compromiso y la responsabilidad, un pueblo que finalmente haya comprendido que los cambios fundamentales del país y la Nación pasan por sus manos; que el destino le pertenece. Un pueblo, en definitiva, que haya comprendido que gran parte de la solución pasa también por expulsar para siempre a quienes por sus ambiciones personales, su voracidad desmedida, su soberbia y sus delirios de poder, nos condujeron a esta encrucijada de inestabilidad social, económica, inseguridad, inequidad e injusticia. Que el próximo 28 de junio Así Sea.-

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